¿Qué pasaría si cada líder se empeñase en formar gente mejor que uno?

La semana pasada JP, mi mano derecha en Brasil, publicaba un post genial sobre cómo bajar 40 kg y crecer como líder fueron de la mano.

El viernes, Gonzalo (mano derecha en Argentina) con todo el equipo de líderes de Staples Argentina abrió nuestra primera tienda en Tandil.

Los dos ingresaron a la empresa hace más de 10 años, los dos trabajaron en la sede central de Staples cerca de Boston y en “el país hermano” (Argentina o Brasil). Los dos llevan adelante las operaciones mucho mejor de lo que yo haría. De hecho toman muchas decisiones diferentes a las que tomaría yo y en general, con resultados mejores de los que yo obtendría. Por eso en ambas operaciones hay, por ejemplo, comisiones por ventas.

A su vez, Gonzalo y JP están desarrollando líderes que un día serán mejor que ellos.

Justo estos días, también Natalia De Diego me contaba:

“En general me muevo en forma transversal generando lío o crecimiento exponencial a personas que nadie ve y que están dispuestas a dar mucho más; para eso rompo estructuras, moldes, y desacomodo todo, descubro talentos, armo nuevos equipos (es decir hago lo que se me canta) quizás no es muy bueno pero yo soy feliz y es la mejor versión de mí en esa dualidad.” Su jefe (y padre), bastante más estructurado, confía y le permite equivocarse para desarrollarse.

Como dice Richard Branson:

“Todo se basa en encontrar y contratar gente más inteligente que uno. Lograr que se unan a tu negocio. Y darle desafíos interesantes (“good work” en el original). Después, salir del medio. Y confiar.”

¿Se imaginan el mundo si todo líder se empecinara en desarrollar gente que lo supere?

Un buen líder

La pregunta clave, en realidad, es por qué no sucede esto.

  • Una de las posibilidades es nuestra inseguridad, que nos lleva a tener que alimentar nuestro Ego. Para él, un futuro líder es una amenaza. En la política no me canso de ver estos casos, pensemos en las pocas veces que podemos llamar a un gobernante “estadista“.
  •  Otro motivo es la actitud de héroe. Yo mismo la tuve cuando en 2003 estaba convencido de poder resolver los problemas en Brasil.
  • También influye el miedo a delegar. Delegar implica aceptar formas distintas de hacer las cosas, y muchas veces (de nuevo el Ego) no estamos dispuestos. Pero hay que tener en cuenta que el mayor aprendizaje (dicen que el 80%) se da en acción, y no en el aula.
  • Y tal vez el cuarto, que cruza a todos, es el cortoplacismo: dos casos comunes son aceptar exigencias de “resultados inmediatos” y no ser fiel a nuestra escala de valores por miedo.

¿Cómo se resuelve esto?

Yo siento que en todos los logros futuros de Gonza y JP va a haber algo mío. Que de alguna manera mi legado (lo mismo que con mis hijos) va a perdurar más allá de mí. Como escribí en referencia a ser CEO:

Ser líder como objetivo es mediocre. El desafío es liderar para hacer del mundo un mundo mejor

Nota al pie: espero que muchos me tilden de idealista, como opuesto a realista. Sin embargo estoy convencido de que ambos conceptos son compatibles.

Sobre el Autor Staples Argentina

Grupo de trabajo dedicado a gestionar y producir contenido relacionado al ámbito de las Pymes y los productos de oficina, con el objetivo de brindar información de interés para la gestión y el desarrollo de la empresa.

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