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Tema: Productos de oficina

Día del bolígrafo: Un invento que revolucionó la industria

[fa icon="calendar'] 29-09-2017 / por Belén Marty

Birome

Mirá a tu alrededor: debés estar rodeado de al menos dos biromes en tu trabajo. La invención de este producto que revolucionó la industria de la escritura se la debemos al húngaro y luego nacionalizado argentino László József Bíró (conocido como Ladislao José Biro). Pero, ¿cómo se le ocurrió?

Biró cambió casi por completo la forma en la que se venía escribiendo. Tanto es así que hoy, en nuestro país, al invento le seguimos llamando birome, nombre que viene la mezcla de su apellido con la de su socio, Meyne.

El inventor, que también realizó más de 30 otros productos a lo largo de su vida, de profesión periodista, trabajó en conjunto con su hermano químico para desarrollar un nuevo tipo de pluma que en vez de punta metálica tuviera una pequeña bola.

La historia cuenta que el periodista estaba cansado de los problemas que le ocasionaba la pluma tradicional (especialmente porque era zurdo y todos sabemos que es común que la pluma se atasque en estos casos) y necesitaba una tinta mucho más útil (de secado rápido) para la escritura a mano.

Si bien llegó a patentar su invento en 1938 en Hungría no fue hasta que arribó a la Argentina en 1940 escapando de la Segunda Guerra Mundial cuando puso en marcha su comercialización.

Para ello, ese mismo año fundó, junto con su socio, la compañía Biro Meyne Biro mediante la cual pudo poner en marcha el perfeccionamiento del invento de la birome que había arrancado en Europa años atrás. En una fábrica con 40 operarios y un bajo presupuesto logró mejorar el producto realizando una nueva patente el 10 de junio de 1943, esta vez en Buenos Aires.

Lo revolucionario del invento, algo que hoy nos parece algo super natural, es que siempre estaban cargadas con tinta (a diferencia de la pluma en aquel entonces) y que se secaban muchísimo más rápido. Además, este producto permitía realizar copias con papel carbónico y su tinta era indeleble.

El producto salió al mercado con el nombre de birome (Acrónimo formado por las sílabas iniciales de Biro y Meyne) y con un precio que iba entre los 80 y los 100 dólares cada una. En un comienzo, los libreros pensaron que estas biromes, consideradas como “lapicitos a tinta” debían servir solo como juguetes para los chicos.

El inventor aseguró antes de fallecer que su “juguete” le dejó al Tesoro argentinos unos 36 millones de dólares, “dinero que el país ganó vendiendo productos no de la tierra sino del cerebro".

Hoy encontramos bolígrafos con decenas de colores diferentes, con distintos grosores, distintas puntas, y con distintos tipos de bases. Están aquellos de base de aceite (la base más utilizada en bolígrafos actualmente) y de base de gel (que ofrece mayor fluidez, mayor brillo y color del trazo).

Según la empresa BIC, que tiene una participación superior al 60% del mercado, se utilizan en Argentina 3,8 bolígrafos por persona al año. En este sentido, el total del mercado en nuestro país es de 160 millones de bolígrafos al año. Todos estos productos son fabricados en el exterior, y por tanto, importados al país.

"Hace años que la marca BIC se renovó, con colores de bolígrafos muy atractivos, llamados "fashion", con el packaging o con variantes de mayor suavidad en la escritura. La tendencia en la escritura es la variedad de colores", comentaron desde BIC.

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Belén Marty

Escrito por Belén Marty

Periodista. Generadora de contenido en Staples Argentina. Maestrando en Economía y Ciencias Políticas.